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Soy experta en autocriticarme

Vivimos en un mundo en el que el éxito, conseguir y hacer grandes cosas parece ser la clave de la felicidad. Vivimos esforzándonos tanto por hacer, tener y ser, que si no estamos a la altura de lo que se espera de nosotros nos sentimos tristes, decepcionados y desgraciados.

Somos expertos en mostrarnos críticos y duros con nosotros mismos cuando las cosas van mal o no salen como nos gustaría. Tenemos una tendencia innata a juzgarnos, a denigrarnos y nos convertimos en expertos de la autocrítica. Sin embargo es algo universal, es un rasgo humano que tenemos todos, no se trata de una cosa tuya que esté mal, sino que es algo que ni siquiera es nuestra responsabilidad.

Nosotros no diseñamos nuestro cerebro y nuestra forma de pensar. Ser conscientes de que esto nos pasa a todos y que es normal, es el primer paso para detectar estos pensamientos repetitivos y hacerlos frente con una potente herramienta. Esta herramienta puede cambiar la relación que tenemos con nosotros mismos y la forma en la que afrontamos la vida, te estoy hablando de la compasión.

En nuestra cultura la palabra compasión tiene una connotación negativa y suele ser entendida como sentir lástima, pena e incluso ser una persona egoísta, irresponsable, blanda o débil. Sin embargo esto no es así.

La compasión, definida de forma muy breve, consiste en ser sensibles y conscientes del dolor (propio o ajeno)
y comprometernos a aliviarlo.

Ser sensibles al dolor significar abrirnos a nuestros sentimientos y emociones más dolorosas, reconocer que algo dentro de nosotros no está bien así como ser conscientes de las dificultades que pueden estar limitándonos en nuestra vida minando nuestra autoestima y autoconfianza. Esto no es de débiles, sino de valientes.

Comprometernos a aliviar el dolor es la parte de la compasión que solemos dejar en el olvido. Consiste en aprender a tolerar esos sentimientos dolorosos, en hacer frente a nuestras dificultades con valor y honestidad, en hacer cosas por y para nosotros que nos ayuden a prosperar en la vida, que nos cuiden y nos hagan vivir más plenos y satisfechos. Es ser amables, comprensivos y solidarios con nosotros mismos. Esto no es ser egoísta, es tener mayor capacidad para ayudarse a uno mismo y, a la vez, a los demás. Tampoco es ser irresponsable, es ser comprensivo con un mismo y asumir el compromiso y la responsabilidad de cambiar las cosas para mejor.

Todos los humanos somos vulnerables al dolor, sin embargo tendemos a huir, a evitar nuestros sentimientos
y a aplicarnos una dura autocrítica.

La autocrítica forma parte de nuestra naturaleza y está bien porque también la necesitamos, sin embargo tenemos que aprender a observarla con calma y ser conscientes de que nuestros errores nos sirven para aprender y mejorar. Si ante ellos nos hablamos y nos tratamos de una forma violenta y agresiva, nos sentiremos mucho peor. Sin embargo, cuanto más compasivos seamos con nosotros mismos (y con los demás), cuanto más amables y comprensivos, cuanto más apoyo y aliento interior nos demos, es mucho más probable que seamos más felices y aprendamos a afrontar mejor los momentos difíciles y los contratiempos que la vida nos depare.

Centrarnos en ser autocompasivos en lugar de autocríticos, fortalecerá la confianza en nosotros mismos
y nos ayudará a convertirnos en nuestros mejores aliados.

Piensa por un momento en un amigo que sea importarte para ti. Estoy segura de que deseas lo mejor para él, que serás comprensiva ante cualquier circunstancia que le depare la vida, que estarás ahí para animarle y apoyarle cuando te necesite, y también estoy segura de que lo harás desde una profunda empatía y sobre todo, sin juzgarle. Esa es la misma relación que forjaremos con nosotros mismos siendo autocompasivos.

Esta herramienta ha sido clave en mi proceso y hoy todavía sigue siéndolo en mi día a día.

Cuando vives en lucha con la comida y con tu cuerpo, la voz crítica que te acompaña puede llegar ser muy dura y realmente cruel. Al menos en mi caso mi autocrítica era constante y demoledora. Cada vez que me miraba al espejo, cada vez que comía a escondidas, cada vez que me “saltaba” la dieta, cada vez que sentía placer y disfrutaba, cada vez que me equivocaba… allí estaba mi voz para recordarme lo poco que valía y para lanzarme los insultos más variopintos que, por supuesto, nacían del puro rechazo.

Hoy todo esto ha cambiado, la voz crítica sigue acompañándome pero no de la misma manera. He aprendido a acallarla desde una actitud autocompasiva, he aprendido a aceptar y a vivir desde el momento presente con lo que hay, a tratarme con amabilidad, a apoyarme, a comprenderme, a aprender de mis errores y a mejorar. Hoy puedo decir que me tengo a mi misma siempre que me necesito, y esto no quiere decir que no sufra o que ahora me guste lo que antes no me gustaba. Quiero decir que confío en mí más que nunca, que no me juzgo, que me quiero y me apoyo a pesar de las circunstancias, que soy mi mejor amiga y que vivir desde la amabilidad, el cariño y el respeto ha hecho mi vida más feliz y me ha hecho más fuerte ante las adversidades.

Esto no sucede de un día para otro, sino que es algo que se aprende, se entrena y que, sin lugar a dudas,
merece mucho la pena.

Es muy importante que, estando comprometido con tu bienestar, entiendas que:

– es normal sentirse angustiado y tener emociones problemáticas

– es necesario abrirse a esas emociones, dejarles su espacio y conectar con tu dolor para encontrar la mejor forma de cuidarte

– es necesario aprender de tus errores desde una perspectiva amable

– todos los humanos somos seres complejos y que, sin caer en la indiferencia, no nos juzguemos ni juzguemos las cosas que suceden en nuestra vida ni en la de los demás.

Sin dudarlo un momento, te invito a practicar una actitud autocompasiva en tu vida. No solo te ayudará a reconocer los momentos difíciles sino que te proporcionará la fuerza necesaria para hacer algo al respecto en lugar de sabotearte y criticarte a ti misma.

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