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Recupera el placer de comer

Cuando recuperas algo es porque antes lo habías perdido.

Cuando vivimos saltando de una dieta a otra, es probable que el sentido de satisfacción y placer por comer lo hayamos perdido. Y no es algo extraño ya que dejamos de lado nuestros gustos y comemos de acuerdo a las normas que dicta nuestra pauta.

Vivir bajo unas normas externas que nos dicen qué comer y qué no, son las que nos llevan a catalogar a los alimentos como “buenos o malos”, “aptos o prohibidos”, de forma que inconscientemente podemos llegar a generar asociaciones negativas con el placer.

Los alimentos que más placer nos suelen aportar son los que caen en la lista negra de alimentos prohibidos. El hecho de restringirlos nos genera un mayor deseo por ellos, y el día que los tenemos delante, no somos capaces de resistir la tentación y los devoramos hasta el punto de sentirnos incómodamente llenos y culpables. Esto puede llevarnos a asociar la sensación de placer con el sentimiento de culpa.

¿Te ha pasado alguna vez que has comido algo “apto” que estaba tan rico que pensabas que tenía trampa?
¿Te has sentido culpable por disfrutar mientras comías?

Cuando empecé a sanar mi relación con la comida, tenía claro que necesitaba disfrutar del placer de comer. Fue un proceso de investigación y auto-observación, ya que después de tantos años sometida a dietas y normas externas, llegó un momento en el que ya ni siquiera sabía lo que me gustaba. Tuve que aprender a disfrutar de nuevo de la comida sin sentirme culpable por ello.

La mentalidad dieta nos hace a ver los alimentos con las gafas del salutismo y el nutricionismo de una forma muy simplista. Tendemos a ver los alimentos solo de dos maneras:

  1. Si engordan o no
  2. Si tienen muchos nutrientes o si tienen pocos

No podemos negar que los alimentos forman parte de la historia, la cultura, las tradiciones familiares… Reducirlos meramente a nutrientes es algo tan simplista que nos hace olvidar que no solo tenemos un cuerpo físico, sino también un cuerpo mental y un cuerpo emocional. Los alimentos no solo nos aportan nutrientes, sino que también alimentan otras áreas de nuestra vida igual de necesarias para el bienestar.

Por supuesto que no todos los alimentos son iguales, de la misma manera que cada uno de nosotros tampoco lo somos. Por lo tanto, no podemos generalizar diciendo que un alimento es bueno o malo, ya que eso dependerá de para quién y en qué momento.

Cuando decides rechazar la mentalidad dieta, unos de los pasos fundamentales es
eliminar las etiquetas de los alimentos y darte permiso incondicional para comer.
Esto suele dar bastante miedo y la razón es que realmente no entendemos lo que significa.

Darse permiso incondicional para comer no significa “a la porra con todo”. Es normal que aparezcan pensamientos del tipo:

  • ¿Me estás diciendo que coma lo que me dé la gana?
  • Como coma lo que yo quiero me voy a engordar
  • Yo no soy capaz de comer “bien” si no sigo unas pautas

Estos pensamientos son fruto de la mentalidad dieta a la que llevamos sometidas tanto tiempo. Se nos hace difícil confiar en nuestras elecciones porque prácticamente nunca lo hemos hecho. Esto es un proceso de aprendizaje, no se trata de “mandarlo todo a la porra” sino de aprender a conocer nuestro cuerpo, escucharle y saber lo que necesita. Para ello es necesario dejar de etiquetar y de restringir alimentos.

Es posible que al principio tu cuerpo te pida más de aquellos alimentos que llevas tanto tiempo prohibiéndote. Esto es normal y necesario. Es fruto de la restricción a la que has estado sometida y llegará un momento en el que tu cuerpo regrese a su equilibrio y entienda que, puesto que ya no es un alimento prohibido, podrá disponer de él cuando lo desee. Tu cuerpo es sabio en sus elecciones, lleva toda la vida cuidando de ti y ahora también seguirá haciéndolo.

Cuidarse de una forma saludable es elegir aquello que nutra tus cuerpos (físico, mental y emocional),
que más te motive, que mejor te siente y que más te satisfaga.

Mis talleres de cocina están basados en esa filosofía. Cocinar para uno mismo es un bonito gesto de autocuidado, siendo los ingredientes esenciales el amor, el placer y la satisfacción. Transmito la importancia de entender que los alimentos, cuando entran en nuestra boca, no solo nos aportan nutrientes físicos sino también sensoriales y emocionales. Mi misión a través de ellos es que recuperes el placer de comer, que dejes atrás las dietas, el miedo, la culpa… y que simplemente te abras a la experiencia de disfrutar de un acto que nutra tu cuerpo, tu mente y tu alma.

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