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¿Quieres perder peso?

Esta es la pregunta de moda en este mes de vuelta a la rutina y de depresión post vacacional, nuestro querido septiembre. Un mes parecido a enero, en el que nos planteamos nuevos propósitos, cambios importantes y también se nos pasa por la cabeza la idea de perder peso y empezar a cuidarnos mejor.

Estoy muy a favor de plantearse nuevos objetivos y metas, pero sin olvidarnos de que lo verdaderamente importante es que sean alcanzables, realistas y respetuosos con nosotros.

Querer adelgazar es un deseo muy normal. Estoy segura de que si saliera con un micrófono a la calle y le preguntara a cada mujer si le gustaría verse con unos kilitos menos, la respuesta sería un SI rotundo. Es un deseo totalmente normal, no lo juzgo en absoluto porque yo he estado ahí durante mucho tiempo.

¿Cómo no vamos a querer adelgazar en un mundo que te trata mejor si eres delgada?

Es el negocio perfecto. Las dietas tienen un índice de fracaso del 95% y aún así tienen un éxito arrollador. Nos venden dietas que no funcionan y que además vienen con un efecto rebote que nos hace subir más de peso, y como engordamos y volvemos a vernos mal, de nuevo hacemos otra dieta y volvemos a caer en el efecto rebote… y así eternamente.

La industria de las dietas es tan poderosa que ha conseguido hacernos creer que solo existe un tipo de cuerpo válido y que hacer dieta es la única forma de cuidarnos y de perder peso.

Quizás no quieras creer que las dietas no funcionan aunque ya lo hayas vivido en tus carnes. Quizás te sientes tan frustrada y cabreada que incluso hayas decidido no hacer dieta nunca más. Sin embargo el deseo de adelgazar permanece. Y permanecerá durante mucho tiempo mientras vivamos en una sociedad en la que solo se den por válidos los cuerpos delgados, aunque esto no haya sido siempre así.

Esta es una publicidad de los años 60. Sea de una manera o de otra, se trata de hacernos creer que tenemos que cambiar nuestro cuerpo para ser aceptadas y valiosas.

Los estándares de belleza son constructos sociales impuestos que nos hacen creer que tenemos que lucir de una determinada manera. Tenemos que combatir esta cultura opresiva hacia la mujer (aunque cada vez más también la hay hacia el hombre.) Nuestro cuerpo, tenga la forma que tenga, ya es válido. Salgamos a la calle a pasear y observemos a las personas, ¿de verdad todos somos iguales? ¿de verdad es nuestro cuerpo el que define nuestro valor como personas? La diversidad corporal existe aunque se empeñen en hacernos creer lo contrario.

Quizás me des la razón en esto, aunque es muy probable que te sigas preguntado:

¿Qué hago entonces para luchar contra el deseo de adelgazar y de hacer otra dieta?

  • Lo primero es entender que lo más importante es sanar tu relación con la comida. Tienes que dejar a un lado la mentalidad dieta y poner el foco en tu salud y no en el peso.
  • Tener siempre presente las ventajas de no hacer dieta: vivir sin culpa, sin restricción, comiendo alimentos que te gustan, no tener hambre, pensar en otras cosas que no sea la comida…
  • Dejar de compararte con otros, de pesarte, de medirte…
  • Dejar de seguir cuentas en redes sociales y blogs que te hagan sentir que tienes que cambiar tu cuerpo o que te hagan sentir mal.
  • Aprender a alimentarte y cuidarte de una forma intuitiva reconectando con la sabiduría interna de tu cuerpo.
  • Pedir ayuda si sientes que sola no puedes.

Ser anti-dieta no significa ser anti-salud, sino todo lo contrario.

Las dietas no promueven salud, ya te hablé de ello en este artículo. No promover dietas significa:

  • Apostar por un autocuidado verdadero nacido de tus preferencias personales, tus valores y la flexibilidad.
  • Aprender a cuidarte en todos los sentidos, no solo a través de la comida y el ejercicio, sino escuchando tu sabiduría interna y entendiendo cuales son tus verdaderas necesidades en todas tus áreas.
  • Construir un estilo de vida que te cuide, te mime, sea sostenible en el tiempo y te haga feliz.
  • Aprender a reconciliarte con tu cuerpo para que aprendas a vivir de una forma más cómoda, respetuosa y autocompasiva.
  • Aprender estrategias de autocuidado para acallar el deseo de cambiar tu cuerpo.

Nadie puede garantizarte que una determinada estrategia te hará perder peso de una forma definitiva, porque cada cuerpo es diferente, desde sus genes hasta sus bacterias intestinales. No es verdad que si te esfuerzas lo suficiente alcanzarás ese peso deseado, no cambiará nunca y entonces serás una persona sana y feliz.

Si has de adelgazar que sea viviendo de una forma amable, flexible y sostenible que puedas mantener durante el resto de tu vida. Si lo natural es que tu cuerpo pese menos, no debería necesitar de una rigidez ni de un control exhaustivo para conseguirlo.

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