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¿Felicitas a alguien cuando adelgaza?

Siempre he sido una persona muy observadora, aunque reconozco que lo que más me llamaba la atención era el cuerpo de los demás (el mío no quería ni verlo). Esto era la muestra inequívoca de mi obsesión por el peso.

Cuando veía a alguien que había adelgazado corría a felicitarle, a decirle lo bien que le veía, lo guapo/a que estaba, a interrogarle sobre cómo lo había conseguido…

No me daba cuenta de lo que había detrás de una felicitación por pérdida de peso, y es posible que tú tampoco seas consciente de ello.

Cuando felicitamos a una persona por adelgazar, aunque lo hagamos con nuestra mejor intención, lo que mostramos es:

  • Gordofobia, ya que lo que reforzamos es la idea de que delgado es mejor que gordo, perpetuando el estigma y la discriminación por el peso.
  • Ponemos en primer lugar el peso y no la salud.
  • Perpetuamos el mito de que delgado es igual a estar sano.
  • Rechazamos la diversidad corporal promoviendo la opresión por cuerpos de mayor tamaño.

Esto dicho así puede sonar muy fuerte o no entenderse, por eso me gustaría contarte una historia que te ayudará a comprender mejor lo que intento transmitirte. Es la historia personal de una amiga mía que, anónimamente, me ha dado permiso para compartirla contigo (voy a llamarla Marta.)

“Marta siempre ha sido una niña muy despierta, trabajadora y cargada de ilusiones desde muy pequeña. Era y es una apasionada de la cocina, algo que lleva en la sangre, ya que desde muy joven ayudaba a sacar adelante el negocio familiar, un restaurante. Trabajaba largas jornadas tanto en la cocina como atendiendo a los clientes de la terraza. Se esforzaba cada día por hacer un buen trabajo y disfrutaba mucho del trato con el público, ya que no solo recibía felicitaciones por su buen servicio sino por lo guapa que era.

Marta estuvo escuchando durante años lo guapa y delgada que era, lo bien que le quedaba la ropa… Lo que la gente no sabía era que Marta tenía anorexia desde los 12 años. Cada vez que alguien le felicitaba por su aspecto físico, sin querer, reforzaba en ella la idea de que delgada era igual a guapa y fomentaba su trastorno alimentario.

La salud de Marta no estaba bien. A su trastorno alimentario se le sumaban las duras y largas jornadas de trabajo así como el esfuerzo diario al que su cuerpo estaba sometido. Recibía señales continuamente que le pedían que parara, que descansara, que se cuidara… pero ella prefería ignorarlas, ya que solo tenía en mente sus ilusiones por estudiar gastronomía y por llegar a dirigir el restaurante. Sin embargo, un día, su cuerpo no pudo más y cayó enferma. Estuvo 2 años en cama, perdió el habla, la memoria y fue diagnosticada con Encefalomielitis Miálgica, lo que conocemos como Síndrome de Fatiga Crónica.

La vida se le hizo añicos, sus ilusiones, sus proyectos… No pudo estudiar ni hacerse cargo del negocio familiar. En esos momentos lo único que podía hacer era luchar por su bienestar para intentar salir del estado crítico en el que se encontraba. Y lo consiguió, afortunadamente.

Fueron varios años de recuperación en los que Marta engordó 30 kg. Ahora, cuando se reencuentra con las personas que antaño le felicitaban por su delgadez, le regalan frases como: “vaya, qué gorda estás” “cómo es que te has puesto tan gordísima” “los kilos que ha perdido tu madre te los has quedado tú” (cabe aclarar aquí que la madre de Marta tuvo una embolia a raíz de la cual perdió mucho peso)”

Afortunadamente, mi amiga es una persona fuerte y feliz que lleva a sus espaldas un gran trabajo de aceptación y desarrollo personal. Si no fuera por eso, ¿cómo crees que podrían afectarle los comentarios que recibe habitualmente relacionados con su peso y el tamaño de su cuerpo?

Detrás de la delgadez de Marta no había felicidad, había obsesión, castigo, maltrato… Sin embargo su cuerpo siempre estuvo ahí para ella, aguantando duras jornadas de trabajo y una relación tormentosa con su físico y la comida. Todo lo hacía para protegerla, hasta que un día no pudo más. Hoy Marta, dentro de su enfermedad, está bien. El hecho de que ahora su cuerpo se fatigue y sea más grande, no es más que otra señal del amor profundo que manifiesta por ella, es la forma que tiene de cuidarla y protegerla de otro posible ataque.

Lo que pretendo transmitirte es que debemos ser conscientes de que no sabemos lo que hay detrás de la pérdida de peso de una persona, no sabemos lo que está haciendo para conseguirlo ni las verdaderas razones que le llevan a ello.

Me gustaría que tu y yo pusiéramos aquí un punto y aparte e hiciéramos un ejercicio de honestidad: ¿hasta qué punto nos auto-engañamos la mayoría de las veces diciéndonos que queremos adelgazar por salud? Nosotras, en nuestro interior, que somos profesionales de hacer una dieta tras otra, sabemos que lo que realmente buscamos es alcanzar ese cuerpo “ideal” tan soñado para encajar en los cánones de belleza impuestos por la sociedad, simplemente queremos ser delgadas.

¿Cómo no va a ser así si la sociedad trata mejor a las personas delgadas que a las de talla grande? Ya has podido ver la poca conciencia que ponemos a la hora de hacer ciertos comentarios en relación al físico de una persona. Si queremos que esto cambie, tenemos que cambiar las cosas, empezando por no hacer valoraciones sobre el aspecto de los demás.

Recuerda que el peso no es un indicador de salud, que solo a través del físico de una persona no podemos saber nada de su vida.

El aspecto de una persona no nos permite conocer sus hábitos, ni si goza de una buena salud física, metabólica o psicológica. Dejemos de hacer apreciaciones por el tamaño del cuerpo y mejor preguntémonos si esa persona es feliz o si le va bien en la vida… El peso de una persona no determina su valor ni es digno de felicitación, no somos simplemente un cuerpo.

Aleja tu foco del peso y trata de ponerlo en tu bienestar. Cuídate desde el amor y no desde el rechazo, solo así podrás construir un autocuidado lleno de bondad y respeto. Solo así podrás diseñar un estilo de vida propio que te cuide, te nutra y te haga feliz, en todos los sentidos.

Y como siempre te digo, recuerda que no estás sola.

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