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Emociones y autocuidado en tiempos de confinamiento

En mi vida imaginé que podría ser testigo de algo tan excepcional como la pandemia que hoy en día estamos viviendo.

De momento me proclamo afortunada por estar viviéndolo desde una posición de total privilegio, con la tranquilidad de que mi familia está bien y sin tener ninguna carencia salvo la libertad de salir a calle, algo que, afortunadamente, tampoco echo mucho de menos.

Me siento profundamente agradecida por poder escribirte estas líneas desde el calor de mi casa, por haber llenado hoy mi barriga, por disfrutar de una ducha caliente y por ser consciente y valorar (hoy más que nunca) los pequeños detalles de la vida.

Este tiempo está siendo de pura reflexión, observación y autoconocimiento.

Estoy viendo lo mejor y lo peor de las personas y sin duda, me está sirviendo mucho para aprender, sobre todo, de mí misma. Me doy cuenta de la cantidad de tiempo que perdemos preocupándonos por cosas insignificantes e  intentando “controlar” lo que pasa en nuestras vidas, y es precisamente la vida la que hoy viene a darnos una lección de lo que es verdaderamente importante y de lo que realmente podemos controlar.

Tengo que confesarte que estoy realmente cansada de tanto consejo, de tanta meme y de tantos miedos infundidos. Parece que estemos obligados a tener la casa limpia, a leer, a estudiar, a hacer deporte, a cuidar nuestra alimentación… ¡Esto parece una carrera de productividad!

Quiero pensar que la mayoría de estos consejos nacen de la buena intención para animarnos y motivarnos a sobrellevar esta situación, sin embargo muchas veces, lo que consiguen es justo el efecto contrario. Hacen que nos sintamos peor si no hacemos ejercicio, sentimos miedo a engordar, nos sentimos mal si no limpiamos, si no cocinamos, si comemos de más, si comemos de menos, si vemos demasiado la tele…

Es necesario entender que, aunque esta situación es nueva y común para todos, cada uno la estamos viviendo de manera diferente.

Nuestra libertad está limitada, los trabajos han cambiado o desaparecido, los niños están en casa, nuestros mayores están solos, la gente muere a diario… Muchos de nosotros no estamos en disposición ni siquiera de elegir qué comer. Hay quien no tiene medios para comprar alimentos y quien los tiene, puede encontrarse con precios desorbitados o con las existencias que queden en el supermercado. No todos tenemos espacio en casa para hacer deporte ni podemos permitirnos comprar aparatos para ejercitarnos. Y todo es válido ya que hacemos lo que podemos con los recursos que tenemos.

Por eso mi recomendación es que te desconectes de todo aquello que te haga sentir de menos y que te apoyes en las personas que sumen dosis de alegría a tu vida.

Sobre todo es esencial que seas amable y flexible contigo mismo y que no te compares con nadie. Cada uno vive este momento bajo unas determinadas circunstancias, con unas prioridades y unas necesidades diferentes. Si has de compararte con alguien que sea contigo mismo, buscando la manera de estar bien y de proteger tu bienestar cada día. Practica aquello que más te cuide actuando desde el “quiero” y no desde el “debo”.

Hagas lo que hagas estará bien siempre que elijas desde el amor y no desde la culpa o el miedo.

Esta situación de emergencia sanitaria apareció sin más y vino sin manual de instrucciones. Es un reto para todos y cada uno de nosotros, como seres individuales y como humanidad.

Y como humanos que somos démonos permiso para sentir. Es normal que aparezcan emociones inesperadas, que se alteren nuestros patrones de sueño, que cambie nuestro carácter, que nos enfademos, que nos agobiemos, que sintamos ansiedad, incertidumbre…

Es normal que nuestros pensamientos nos hagan sentir miedo, tristeza e incluso desesperanza.

Aceptar que tenemos estas emociones desagradables es esencial en estos momentos, sin embargo, no podemos dejarnos arrastrar por ellas y enredarnos en esos pensamientos negativos. Es importante que nos demos cuenta de los pequeños detalles que enriquecen nuestra vida y que nos hacen sentir bien, así también podremos tener presente las emociones agradables para poder enfocarnos en ellas y seguir adelante un día a la vez.

No importa si engordas, si adelgazas, si haces o deshaces… solo importa que después de todo esto tengas más fortaleza, te conozcas mejor y estés a salvo.

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