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¡El verano es para disfrutarlo!

¿Te has repetido esta frase alguna vez?

Estoy segura que sí, más aún si llevas todo el año trabajando, ahorrando, sacrificándote, cuidándote … Deseas impaciente que lleguen las adoradas vacaciones de verano para olvidarte de todo y darle rienda suelta a tu libertad y dejar a un lado las normas y sacrificios que te han acompañado durante meses.

¡¡Qué sensación más genial!! ¿No te parece? Hacer lo que te pida el cuerpo y sentirte libre por fin durante unos días.

Sin embargo también es posible que ante esta idea de libertad te entre el pánico. Pensar en momentos de ocio y en comidas fuera de casa puede llevarnos a pensar que no seremos capaces de seguir cuidándonos y que descontrolaremos. Esto es así porque tenemos la fuerte creencia de que disfrutar de las vacaciones significa comer y beber. Intentemos ampliar la mirada.

Las vacaciones son un momento muy especial y deseado del que podemos disfrutar de mil formas
y llenarnos de distintos placeres además de la comida y la bebida.

Duerme más, pasea sin prisa, disfruta de la compañía de los tuyos, lee durante horas sin preocuparte por el reloj, toma el sol, monta en bici, disfruta del mar o de la montaña, haz aquello que llevas tanto tiempo aplazando por falta de tiempo, échate la siesta, ponte tu serie favorita, ve de compras, descubre nuevas ciudades, haz nuevos amigos, haz actividades nuevas que nunca hayas probado, sal a bailar…

Date la libertad de disfrutar de todo, dándole la importancia justa al momento de comer y de beber. Intenta conectar con lo que te pida tu cuerpo, come y bebe lo que necesites e intenta hacerlo de forma consciente, disfrutando cada trago, cada bocado, entendiendo que disfrutar también es cuidarse si lo haces de forma respetuosa desde la libertad y sin miedo.

Es muy importante que te acompañes en todo momento y que seas amable contigo misma.

No es tarea fácil pero intenta no dejarte llevar por las voces internas de control y castigo que siempre te acompañan. Invítalas a irse de vacaciones unos días e intenta darte permiso para disfrutar.

¿Qué sucederá después de esos días de vacaciones? ¿Qué sentimientos te invadirán después de haber disfrutado de esa añorada libertad?

Cabe la posibilidad de que te sientas culpable, triste, depresiva, pensando que no eres capaz de cuidarte, que no sabes controlarte… Aquí no cabe ser dura con una misma, sino todo lo contrario, sé amable contigo misma para entender que todo lo que pasa es por algo y que todo sirve para aprender y crecer.

Si vienes de privarte y controlarte todo el año y sientes que en las vacaciones no has sido capaz de cuidarte, quiero decirte que es normal sentirse así. Anhelamos esa sensación de libertad y plenitud que nos falta durante tanto tiempo que cuando la tenemos a nuestro alcance la agarramos y la disfrutamos a tope. Es normal, es humano.

No te has equivocado, no has fallado, has hecho lo que podías con los recursos que tenías.

¿Qué pasaría si te abrieras a la posibilidad de disfrutar de la vida libremente todos los días del año sin necesidad de sentirte culpable después?

La mentalidad dieta es la que nos encadena a vivir controlando todo el tiempo, y ese control tarde o temprano nos llevará al descontrol y a emociones desagradables que no nos harán sentir bien.

Decidir rechazar la mentalidad dieta es abrirle la puerta a un autocuidado verdadero creado desde el amor y la libertad de elegir.

Entiendo que esto pueda darte miedo. Como te decía antes, es normal, es humano. No hay nada malo en ti, nada es incorrecto o insuficiente. Lo haces como sabes, como aprendiste, de la manera que te dijeron que era la “correcta”. Sin embargo hay otro camino, es posible disfrutar todo el año sin sentirse atrapada en una rueda de hámster.

Si hay algo dentro de ti que desea liberarse de ese círculo vicioso que se repite año tras año, recuerda que no estás sola.

El camino es más fácil si vas bien acompañado.

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