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¿Es tan malo comer de forma emocional?

Últimamente hablar de “comer emocional” se ha puesto de moda, y no solo eso, sino que se ha abierto una guerra en su contra. Es por esta razón por la que creo necesario explicarte que el comer emocional es algo normal que nos sucede a todos.

En el artículo anterior te hablaba de Mindful Eating y sus beneficios. Entre ellos está el de reducir el hambre emocional. Leído así, sin contexto y en una frase simple, puede llevarnos equivocadamente a pensar que comer de forma emocional es algo malo. De hecho, muchos profesionales utilizan este argumento para vender pérdida de peso y, como te explicaba en el artículo, Mindful Eating no es una dieta, por tanto, liberarse del comer emocional no tiene como finalidad la pérdida de peso. De hecho, el acto de comer es algo naturalmente emocional. Entonces ¿en qué quedamos? comer de forma emocional ¿es bueno o malo?

No podemos negar que la comida es importante, no sólo a nivel nutricional, sino también a nivel social y cultural. A lo largo del día comemos de 3 a 5 veces, celebramos eventos alrededor de una mesa, cerramos negocios durante una comida, merendamos con nuestras amigas, incluso en algunas culturas forma parte del ritual de luto.

La comida nos nutre de forma integral.

Fisiológicamente nos aporta nutrientes y energía y psicológicamente nos aporta placer y satisfacción, algo sumamente importante. Es innegable que comer es un placer, de hecho no entiendo otra manera de comer que no sea gozosamente. Cuando comemos disfrutamos, saboreamos, nos relajamos, nos excitamos… Por tanto, el acto de comer está ligado a nuestras emociones. El problema se da cuando utilizamos la comida como única herramienta para aliviarlas o evadirlas.

Somos seres emocionales, de hecho, cuando nacemos, traemos de serie una colección de emociones básicas (en concreto diez) comunes para todos. Estas son: miedo, rabia, asco, culpa, tristeza, sorpresa, alegría, curiosidad, admiración y seguridad.

En nuestra cultura no se nos enseña a tratar con las emociones. Es común que tendamos a clasificarlas como buenas o malas, sin embargo, no hay emociones buenas ni malas, sino agradables o desagradables, siendo todas ellas necesarias. Se comunican con nosotros a través de sensaciones y pensamientos, de ahí la importancia de aprender a identificarlas para luego gestionarlas.

La gestión emocional es una de las claves del bienestar, no solo mejora la relación con nosotros mismos sino también con los demás.

Sin embargo, ante su desconocimiento, es habitual que tendamos a huir principalmente de las emociones desagradables escondiéndolas, tapándolas, ignorándolas…. Y una de las vías que utilizamos para ello es la comida.

Cuando conectas con tu cuerpo y aprendes a identificar la emoción, es cuando eres capaz de gestionarla. Cuando eres consciente de la emoción que habitas tienes la capacidad de decidir. Puedes ser capaz de identificar si lo que sientes es hambre u otra sensación provocada por una emoción. Ser consciente de tus emociones te permitirá separar la experiencia del hambre física y del hambre emocional, dándote libertad para elegir y permitiéndote descubrir otras necesidades a las que quizás no les estás prestando la atención que necesitan.

Cuando nos dejamos llevar de forma inconsciente por emociones no identificadas y recurrimos de forma automática a la comida como forma de gestión, es ahí cuando el comer emocional se convierte en un problema.

Por eso es tan importante parar, aprender a escuchar nuestras necesidades y honrarlas de la forma que más nos cuide.

El hecho de reducir el comer emocional no es ninguna garantía para adelgazar, no caigas en esa trampa. Esto no es más que el fruto de la mentalidad dieta de la sociedad en la que vivimos, una sociedad obsesionada con adelgazar en la que se siguen satanizando alimentos y ahora también el comer emocional. Precisamente la trampa de las dietas, con sus reglas y restricciones, nos llevan a controlar en exceso lo que comemos y lo que no. Este control (y las emociones que lo acompañan) nos lleva a romper las reglas en determinados momentos y por tanto al descontrol. Aparecen pensamientos de “aprovecha para comer ahora que no sabes cuándo volverás a hacerlo, mañana empiezo otra vez…”, pensamientos que nos llevan a la sobreingesta y que detonan el comer emocional. Y después de esto aparecerán emociones como culpa, enfado… de las cuales intentaremos huir si no las sabemos gestionar.

Por eso es importante que aprendamos distintas estrategias a través de las cuales seamos capaces de elegir otros caminos para gestionar nuestras emociones y no convertir la comida en lo único a lo que aferrarse cuando sintamos tristeza, culpa, ansiedad o aburrimiento. 

¿Te has parado a pensar cómo es tu comer emocional?

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